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LA “GRAN RENUNCIA” O “GRAN DIMISIÓN”

La “gran renuncia” o “gran dimisión” nació en EEUU el año pasado, en 2021, y consiste en un fenómeno socio-laboral sin precedentes: millones de personas abandonando de forma masiva sus puestos de trabajo, y de manera totalmente voluntaria.

Esta situación está exportándose a muchos países y España no se ha librado.

Nuestra “gran renuncia” crece por días. En los cuatro primeros meses de 2022 el número de profesionales que han dejado voluntariamente sus trabajos se ha disparado, teniendo un crecimiento exponencial. A partir de febrero las dimisiones se dispararon: ese mes alcanzaron las 3.540, en marzo las 4.006 y en abril llegaron a las 5.467. Esta última cifra supone más del doble de abandonos voluntarios del empleo, que en el mismo mes de 2021 (2.341) y es una cifra récord, la más alta registrada hasta la fecha, desde que se recopilan estos datos (2001), según las estadísticas de afiliación de la Seguridad Social.

El anterior máximo histórico se estableció en septiembre de 2007, en plena euforia económica de la burbuja inmobiliaria, cuando 4.762 empleados renunciaron de sus trabajos.

¿Qué está provocando esta situación?

Nuevas generaciones con intereses diferentes, (Millenials y Generación Z), la consciencia postpandémica de la brevedad de la vida y el aumento de las ayudas al desempleo, confluyen en este fenómeno creciente.

¿Qué podemos hacer?

Todo es tan reciente que nadie tiene ninguna fórmula mágica. En mi humilde opinión, como experta en la gestión de personas, lo primero que hay que hacer es ser conscientes de que las cosas están cambiando y que este fenómeno está ocurriendo. Las cifras hablan por sí mismas como hemos podido comprobar.

En segundo lugar, me gustaría señalar que estamos viendo desde hace años la importancia que tiene “el salario emocional” y, como sabéis muchos, para mí es un pilar fundamental, ya que ayuda a atraer y retener el talento en cualquier tipo de empresa, sin embargo, son pocas las empresas que tengan a una persona dedicada a trabajar en estas funciones.

El rango de edad de la persona que renuncia está entre 30 y 45 años. Las generaciones nacidas ya en entornos digitales tienen otra concepción de los tiempos y los métodos de trabajo, y valoran muchas más cosas, como la flexibilidad horaria o la posibilidad de teletrabajar.

En España, además de la gran renuncia están surgiendo otras variantes que, aunque relacionadas con este fenómeno, no son lo mismo. Se habla de una vertiente que está teniendo repercusión en nuestras fronteras y que defiende el no hacer “de más”; por ejemplo, más horas de las que figuran en el contrato y que no esté mal visto. Ha sido muy comentado en las redes sociales el caso de “Sara”, que ha denunciado que hay empresas que tachan de “no ser tan trabajadoras” a personas que no están dispuestas a realizar más horas o más funciones de las pactadas, y mucho menos de manera habitual. Asegura que ver esto como algo normal, fomenta que los jefes lo den por sentado. Su reivindicación incluye, por supuesto, no estar disponible por ningún medio, incluidos los digitales, fuera del horario laboral. Hay muchas voces en contra de la figura del jefe que tiene la costumbre de hacer alguna pregunta justo cuando se aproxima la hora de salida del empleado, y esto implica que tenga que alargar la jornada. Esta actitud de los que tienen mayor jerarquía está siendo muy criticada por primera vez. Parece que las cosas están cambiando.

Lo que está claro es que la pandemia ha influido, mucho más de lo que al principio podía parecer, en la forma de pensar de muchos trabajadores, que se están replanteando ya no sólo renunciar a su trabajo, sino también modificar sus hábitos, prioridades o valores dentro la empresa.

En mi opinión hay que ver este fenómeno como una oportunidad y no como algo negativo, ya que hará que las empresas se den cuenta de que invertir en las personas de una forma real y continua, es fundamental. Al fin y al cabo, cuanta más competencia haya entre las empresas por cuidar a sus empleados, mejor para todos ¿no os parece?